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lunes, 21 de abril de 2014

De la Filosofía de la Revolución a la Revolución de la Filosofía



      





  El intelectual francés André Briand-Moses, conocido en los círculos de la izquierda radical del país galo durante la década de los sesenta por su pensamiento heterodoxo, es el autor del ensayo “De la Filosofía de la Revolución a la Revolución de la Filosofía”, publicado por la revista “Socialisme ou Barbarie” (órgano de expresión del grupo marxista francés de mismo nombre), en 1963. Debido a la disensión política e ideológica existente entre Briand-Moses y los editores de la revista, estos últimos decidieron cancelar la impresión cuando apenas se habían terminado de editar unos cien ejemplares. Gran parte de estos fueron después abandonados en un almacén y la mayoría despareció tras un incendio sucedido en el edificio en el año 81. Solo se salvaron unos pocos de entre aquellos que el mismo autor disponía para repartir entre familiares y amigos, por lo que actualmente es un documento muy difícil de encontrar ya que, posteriormente, a pesar de los intentos de Briand-Moses, ninguna editorial quiso hacerse cargo de la publicación.
“Radical, incendiario, vitalista o desmesurado” fueron los calificativos que el grupo de “Socialisme ou Barbarie”, encabezado por Castoriadis y Debórd, consideró apropiados tanto para al autor como para su obra maestra. Y no es para menos, pues el ensayo está escrito en un sagaz tono panfletario en contra de la política estalinista del PCF y también contra el trotskismo disidente y residual de la izquierda de la izquierda oficial. En su crítica aboga por la supresión de la alienación individual del revolucionario (condicionado por el capitalismo en Occidente y la burocracia en la URSS) a través de actos espontáneos y subjetivistas relacionados con lo que él llama “terrorismo proletario”, es decir, manifestaciones espontáneas de ira materializadas en la construcción de arte improvisado en las calles, lugares de trabajo…etc Esta práctica posteriormente inspirará en parte el movimiento conocido como situacionismo, que será el responsable directo del mayo del 68.
Otro punto fundamental del libro es el malestar creciente dentro de la izquierda radical debido a la subordinación general de la intelectualidad “marxista” a la ortodoxia dogmática de Moscú, o ante la moderación mostrada ante las editoriales de los países capitalistas en aras de la publicación, solo viable mediante lo políticamente correcto. Ante esto, Briand-Moses propondrá una nueva revolución dentro de la Filosofía que acabe con la especulación metafísica acerca de Marx y la revolución, para pasar a la acción y “transformar el mundo” en vez de “interpretarlo revolucionando párrafos”.
La obra está dividida en dos partes: “Arte y movimiento obrero”, y “De la Filosofía de la Revolución a la Revolución de la Filosofía”. La primera está dividida en seis capítulos donde se trata el desarrollo de los vanguardismos (entendidos como terrorismo en el arte) y la segunda con cuatro lo relaciona con el terrorismo de los Narodni rusos, entre otras manifestaciones de violencia proletaria. En el último de los capítulos ambos temas se pondrán en relación dialéctica y la síntesis resultante será el concepto y la propuesta de acción del “terrorismo proletario”, comentado anteriormente.
 La segunda parte, que dará nombre a la obra, consta de siete capítulos ordenados de tal manera que los dos primeros hacen un recorrido doxográfico entre autores marxistas, poniendo de manifiesto, a partir del capítulo tercero, su servilismo para con la burocracia “soviética” y las multinacionales capitalistas, haciendo hincapié en la necesidad de independencia ideológica y el derecho al subjetivismo radical de cada pensador.
Se trata, como es evidente, de uno de tantos libros promotores de la contestación social de los sesenta, aunque en este caso de manera indirecta, ya que la escasez de ejemplares hizo que las ideas de Briand-Moses llegaran al movimiento estudiantil parisino por mediación de otros autores como los mencionados Castoriadis y Debord. Sin embargo, aparte de esta relativa importancia como precursor, el libro jamás destacó en ningún otro sentido, siendo incluso rechazado por su propio autor en los años previos a la caída del muro de Berlín al considerarlo “desactualizado” y “juvenil e irresponsable”. Cabe mencionar, además, que a partir de la difusión de la obra en el mundo intelectual de la izquierda, el autor pasó a ser considerado como persona non-grata por gran parte de los escritores descalificados en el texto y eso dificultó mucho su acceso al gran público a la hora de publicar sus siguientes escritos, entre los que se cuentan “Prestigio del gulag ruso entre los nuestros”, “¿Son compatibles Marx y Nietzsche? y “Stalin va a la playa”.
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viernes, 6 de diciembre de 2013

SALAMANKA HERRIA



Tras innumerables jornadas de huelga salvaje revolucionaria el movimiento obrero local únicamente logró conseguir un puñado de pocas mejoras y reformas que en general se referían a aspectos cotidianos, parcelarios y aislados de la supervivencia del día a día de las masas populares. Sin embargo, y en contra de lo que el modesto resultado pareciera dar a entender, el movimiento efervescente de las células organizadas y la planificación científica llevada al milímetro habían sido intensamente vividos por los jóvenes obreros de todos los barrios. Nadie fue ajeno en la zona de la Celestina, ni en Iglesias, ni en Los Concejos, ni siquiera en la marginal zona de Montevideo (tradicionalmente vinculada con el movimiento lumpen y su comercio febril de hormiguero pirata) a los ímprobos esfuerzos que la Conciencia, la teoría apoderada de las masas que dictaba férreamente en un alarde de discursos peroráticos y pentatónicos; a la vez que estas últimas agarraban a la misma teoría por el cuello y la exprimían a su antojo, jodiéndola como a un buen cuerpo, alegremente, y utilizándola para sus fines vitales. La bravata ideológica y el vulgar hacer porque sí quedaban excluidos por tanto; sin duda debido a la divina y técnica dialéctica que siempre, omnipotente, nos protege del caos y la destrucción al menos mientras algunos necesiten de tales construcciones y resabios metafísicos al no ser capaces de soportarse a sí mismos en el más profundo movimiento geológico que nos recorre constantemente, el de la vida. A pesar del interés que pudiera causarles la sugerencia filosófica anterior debemos retomar el tema y aclarar por qué la bravata ideológica y el hacer borreguil no se admitían entonces en los conciliábulos rojos de la ciudad.

La primera cuestión tiene una sencilla respuesta: Nadie en los barrios quería dar de comer ni mantener de ninguna manera al pobre Joselito que entró en la facultad de filosofía a estudiar hace diez años y que ahora pretendía escribir sus libros en casa de su anciana abuela mientras se daba a la buena vida (enajenada) que otros no podían permitirse. La segunda cuestión también es relativamente sencilla: la acción espontánea sin más está condicionada por otras tantas acciones realizadas en el pasado que han ido configurando la vida de cualquier individuo. Las acciones se cultivan y se perfeccionan: adueñarse del mundo en sentido marxista consiste en ser capaz de saber cómo funciona todo y hacerlo a menudo, significa poder cambiar las cosas de sitio sin trabas ni complicaciones por parte de otro (genérico) sino más bien hacerlo con su acuerdo, su aprobación alegre y cómplice. Así pues cada acción que emprendemos es mejorada por el entendimiento para hacerla en el futuro, primero, más efectiva y, después, más eficiente. Cada acción tiende, en consecuencia, a autorrealizarse, a “mejorar” siempre en el sentido de probar otras posibilidades que de ninguna manera están engarzadas en un denso sistema jerárquico categorial con realidad ontológica propia que establezca lo bueno y lo malo. En todo caso, el materialismo dialéctico en su formulación es una pura construcción mental que determina qué posibilidades son “anteriores” y “posteriores”. Es decir: refleja el pasado, explica el presente y prefigura en cierta manera el futuro. ¿Saben por qué? Por la basura acumulada, los restos de actividad y los platos de la cena del domingo de la semana pasada y la capacidad que tenemos de ser conscientes de eso, que “está ahí” en cuanto entramos en la cocina.


Como consecuencia de todo lo anterior tenemos que el hacer espontáneo, presuntamente puro, de las masas no tiene en absoluto nada que ver con la espontaneidad, lo adánico etc. No. Es resultado de la historia del Hacer de la humanidad, por ello es necesario conocerla para avanzar. ¿Para qué hacer algo que ya se conoce y que no me va a satisfacer ni a mí ni a ti? Quien se ciega con el sueño de la espontaneidad pletórica camina tras un ídolo o de una nube de vivos colores y repetirá constantemente sus errores. En definitiva, no queriendo acalorar al lector con tediosas explicaciones y, también, reconozcámoslo, para no agotar al pobre autor que ahora se devana los sesos intentando reconducir este relato, nadie quería ese tipo de luchadores cortoplacistas, que pensaban ganar de un solo golpe.


¿Han visto? ¿Han comprendido ya a lo que me refiero? ¡Asómbrense con la miseria humana! ¡Ved hasta qué punto especula la Fábrica con el pan! ¡Horrorizaos ante el Monstruo devorando a los homúnculos! Una vez comprobada la profundidad de las disquisiciones cotidianas de estos hombres y mujeres de mirada ardiente podemos preguntarnos por qué, no obstante, después de todo se conformaron con un porrón de hospitales, escuelas, institutos, juzgados, gimnasios, centros de cultura (de la ceguera, claro), televisión pública y bibliotecas.


Hablando de bibliotecas. Era muy curioso observar el otro día a M., nieto de C. quien había luchado por el comunismo y el Hombre Nuevo varias décadas antes, aunque también por una provisional biblioteca en el barrio que podría servir para que sus descendientes la utilizaran y pudieran formarse mejor que él para que después su lucha fuera más efectiva. Estaba M., como digo, en la puerta de la biblioteca de la Casa de los Corales fumando un cigarrillo cuando vio pasar a una gran multitud con banderas rojas. Entrecerró los ojos y pude observar que negaba varias veces con la cabeza. Sus pensamientos eran tan retumbantes que casi llegaron hasta mí. Dirían algo semejante: a “Cómo puede haber gente así todavía. ¡Unos anti-sistema! En pleno siglo XXI además. De lo que se trata es de hacer reformas.” Y esto se decía a sí mismo, tan tranquilo. El otro día habían cerrado la biblioteca de su barrio; sí, la que su abuelo consiguió tras mucha lucha y mucha fiebre. Qué de antinomias. Qué diría el abuelo.


Para acabar quisiera disculparme porque no podré responder a la cuestión pendiente acerca de los motivos que condujeron a unos resultados tan mediocres, teniendo en cuenta la enorme vitalidad de la Huelga Salvaje y Revolucionaria de la que trata el texto. No es la inseguridad del pronóstico lo que me impide hacerlo si no más bien las limitaciones de la propia literatura, pues es bien sabido que la invención artística tiene capacidad creadora, es cierto, pero de un tipo de creación estrictamente limitado a las ficciones, a los no-lugares. Como la Huelga que nos ocupa no es en mí ninguna huelga concreta prefiero hacer una severa autocrítica por jugar con ejemplos metafísicos e intangibles.